miércoles, 4 de julio de 2007

¿Somos los Venezolanos capaces de hacer las cosas bien?

¿SOMOS CAPACES?

Profesor, ¿porqué las piezas y repuestos nacionales son tan malos?

Esta pregunta me la formuló hace tiempo un participante durante un entrenamiento industrial que estaba dictando sobre una máquina específica de un laminador. La respuesta que le di entonces es la misma que daría hoy en día; respuesta producto de mi experiencia con los proveedores de insumos y servicios nacionales junto con la adquirida al trabajar codo con codo con el personal de mantenimiento mecánico.

¿Somos los Venezolanos capaces de hacer las cosas bien? En mi humilde opinión, somos muy capaces en cualquier actividad en la cual incursionemos a tal punto que podríamos ser los primeros, además de creadores de tecnologías que nos permitirían ser en verdad un país soberano. Lamentablemente nos frena nuestra baja autoestima, cuyas raíces se pierden en la bruma del tiempo y está reforzada por nuestra idiosincrasia y sistema educativo.

Uno de nuestros grandes males como trabajadores es la falta de compromiso para con el trabajo y con nosotros mismos, estamos convencidos que la vida se resuelve por la vía del mínimo esfuerzo, que en las profesiones u oficios basta con un conocimiento superficial y que “en el camino se endereza la carga…” como reza el dicho popular. Nos encanta improvisar para no planificar, acto que requiere de un gran esfuerzo mental y en algunos casos hasta físico.

Inteligencia no nos falta, pero nos cuesta creer en lo que sabemos, en lo que aprendimos e incluso de nuestra experiencia y he allí nuestro fracaso. ¿Cuántas veces no hemos oído la expresión “lo que me enseñaron en la universidad no se aplica en la práctica” en boca de ingenieros y peor aún en profesores universitarios?, triste comentario que refleja por un lado la falla de nuestro sistema educativo y por el otro una mampara para ocultar su ignorancia.

He tenido la oportunidad de interactuar con asesores y/o asistentes técnicos de doce nacionalidades diferentes y, ¿Qué me han enseñado estos encuentros? Que ellos no tienen nada de especiales, que son personas como nosotros, con conocimientos y dudas semejantes a las nuestras, que podemos entablar una conversación o una discusión técnica, de refutar observaciones y comentarios de alto nivel sobre problemas de funcionamiento y/o diseño de las máquinas por las cuales fueron contratados. Pero, para poder entablar una comunicación de iguales con un asesor extranjero tenemos que estar muy seguros y claros con nuestros conocimientos en el tema, pues en caso contrario, cualquier cosa que diga el asesor hará temblar nuestros conocimientos y será considerada como verdadera aunque tengamos dudas al respecto. Somos nosotros, con nuestra autoestima disminuida que endiosamos y montamos sobre un pedestal a estas personas y poniendo en duda a nuestros propios ingenieros y técnicos, muchos de los cuales son verdaderos profesionales y doctos en su materia.

Venezuela está llena de personajes geniales como se puede apreciar en la compilación realizada por la Dra. Yajaira Freites del IVIC en su Memoria de la Ciencia en Venezuela que han contribuido con el desarrollo tecnológico del mundo y son anónimos en nuestra tierra porque nos negamos a reconocer por alguna razón a nuestros talentos y creer más en los importados. Es posible que el origen de esta negación este en nuestra historia industrial próxima, cuando la expansión de la industria del petróleo se disparó a partir de la década del 20 y fue necesaria la importación de tecnologías y de mano de obra calificada, quedando por lo general relegada la nacional a actividades menores y de obrero raso.

El país demanda trabajadores competentes, pero para lograrlo tenemos que esforzarnos y para esforzarnos tenemos que empezar a adquirir el compromiso de profundizar más en lo que hacemos. Tenemos que buscar la manera de subir nuestra autoestima y empezar a darles credibilidad a nuestros profesionales, quitarnos el rancho de la cabeza como lo pregona el Dr Manuel Barroso y estar claros que con esfuerzo, constancia, dedicación, investigación e inversión, evolucionaremos como trabajadores, como profesionales, como personas y como país.

Creo en el potencial del venezolano por experiencia. Entre las décadas del 80 al 90 me tocó vivir un momento interesante que de alguna manera generó dividendos a la nación. Para aquel entonces se dedico un gran esfuerzo por la sustitución de importaciones de partes y repuesto en las industrias de la Corporación Venezolana de Guayana o CVG, logramos (aquí me incluyo por que fue un trabajo en equipo) sustituir en un 100% todos los componentes mecánicos de varios equipos del laminador de Barras allá en SIDOR, desde piezas sencillas hasta de compleja geometría, con excelentes resultados desde el punto de vista de calidad, oportunidad, durabilidad y costos, no fue fácil, porque fueron muchos los ensayos, las investigaciones, la reingeniería, los fracasos y las inversiones efectuadas, pero se logró. Y se logró debido al equipo humano que si creyó en su personal, que se exigió resultados y exigió a los proveedores mejorar en sus productos y servicios. Trabajando como se diría, agarrados de la mano, en busca de un desarrollo común.

Ahora en la década del 2.000 he observado que gran parte de ese esfuerzo se esfumó, que hubo un retroceso en este aspecto producto quizás de nuestra falta de constancia y perseverancia o por la privatización de la industria del acero. Pero para mí quedo muy claro que nuestro potencial es real y desarrollable si lo deseamos.

Entonces, ¿porqué las piezas y repuestos nacionales son tan malos?

Por la misma razón por la cual no hacemos bien nuestro trabajo……

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